El novillo, el león y el ladrón
Érase una vez, al borde de un viejo bosque por donde corrían aguas frescas, un ladrón codicioso. Un día este ladrón robó a escondidas el novillo gordo y fuerte del pueblo y huyó hacia el bosque de sombras espesas. Pero mientras avanzaba por lo profundo del bosque, con descuido se le escapó la cuerda de la mano y el valioso novillo desapareció de pronto. Al comprender que había perdido su bien, el ladrón empezó a buscar su novillo entre los árboles espesos con gran rabia. Mientras el sol subía por el cielo, miraba con inquietud detrás de los matorrales y por los senderos estrechos. El ladrón, rompiendo el silencio del bosque, empezó en su desamparo a mirar al cielo y a suplicar a los espíritus de la naturaleza.
"¡Si me dejáis hallar al villano que robó mi novillo, os sacrificaré mi cabrito más tierno!", dijo. Tras ese gran juramento siguió caminando con pasos rápidos y con esperanza hacia la colina rocosa. Al doblar la curva, se quedó de pronto helado ante la escena que vio bajo un árbol enorme. Un león imponente había cazado el novillo robado y lo despedazaba y comía con gran apetito. Cuando el ladrón vio las garras afiladas y los dientes sangrientos del león, le flaquearon las rodillas. Temblando de miedo de pies a cabeza, intentó retroceder unos pasos.
Al comprender que el verdadero ladrón que tenía delante era un león enorme, se quedó sin aliento. Al ver que su primera plegaria había sido concedida de un modo espantoso, el hombre abrió esta vez las manos de miedo. "Espíritus sublimes, ¡por favor, salvadme de las garras afiladas de este monstruo!", susurró. "¡Si logro escapar de aquí sano y salvo, os sacrificaré con gusto mi toro más grande!", lloró. Cuando el león levantó la cabeza y gruñó, el hombre huyó del bosque con todas sus fuerzas sin mirar siquiera atrás. El ladrón, que temió por su vida mientras quería salvar su novillo, comprendió qué gran error había cometido. El hombre debe cuidar a veces lo que pide, porque lo que encuentra puede ser mucho más peligroso que lo que perdió. Ir a por arroz y perder el trigo de casa.