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El niño sobre el caballo salvaje

Nivel B2 · 364 palabras

El niño sobre el caballo salvaje

Érase una vez, al borde de un viejo bosque donde fluían aguas frescas, vivía un niño valiente y misericordioso. El nombre de este niño era Rüzgar, y su mayor sueño era ver de cerca a los caballos salvajes que corrían libremente por las montañas. Los ancianos del pueblo contaban a menudo que un enorme caballo negro con crin de plata no se inclinaba ante nadie. Un día, mientras Rüzgar vagaba por las profundidades del valle brumoso, se encontró de repente con este caballo legendario. La luz del sol golpeaba el pelaje brillante del caballo, difundiendo una majestad mágica en el bosque.

El noble animal fijó sus ojos en Rüzgar y se encabritó suavemente, haciendo eco de su voz por el bosque. Rüzgar dejó caer las duras cuerdas de su mano al suelo y comenzó a avanzar hacia el caballo con pasos lentos. "No te haré daño, solo quiero ser tu amigo", susurró con voz dulce. Cuando el caballo vio la sinceridad en los ojos del niño, se calmó y apoyó suavemente su cabeza en su hombro. Mientras tanto, un amargo grito que se elevaba desde el pueblo interrumpió repentinamente la paz del bosque. Rodeado de lobos, un niño pequeño esperaba desamparado ayuda en la cima de las rocas escarpadas.

Sin dudarlo, Rüzgar saltó a la espalda del caballo salvaje y se agarró con fuerza a su crin de plata. "Vamos amigo mío, ahora es momento de correr más rápido que el viento", gritó. El caballo mágico se lanzó hacia las rocas como un rayo, como si hubiera entendido la intención del niño. Superando laderas empinadas y profundos abismos uno a uno, llegaron al centro del peligro. El relincho potente y la postura majestuosa del caballo salvaje bastaron para asustar a los lobos intrépidos.

Rüzgar tomó al niño pequeño que temblaba de miedo en su regazo y lo colocó a salvo en la parte trasera del caballo. Cuando regresaron juntos al pueblo, los aldeanos recibieron esta increíble amistad con gran admiración. El caballo libre se encabritó con orgullo tras dejar a Rüzgar en el pueblo, pero nunca volvió a huir de los humanos. Una persona que se acerca con amor y paciencia convierte incluso a los corazones más salvajes en sus amigos. Más apaga buena palabra que caldera de agua.