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El mosquito y el toro

Nivel B2 · 357 palabras

El mosquito y el toro

Hace mucho tiempo, junto a un prado verde por donde las aguas frescas corrían suavemente, vivía un toro magnífico. Durante todo el día este toro poderoso masticaba la hierba fresca y descansaba tranquilo bajo la sombra espesa de los árboles altos. En otro día caluroso de verano, un mosquito diminuto y bastante presumido empezó a volar por el bosque de puro aburrimiento. Aquel pequeño insecto, que batía las alas con furia, era tan orgulloso que se creía la criatura más importante del mundo. Después de un vuelo largo y agotador, sus ojos se posaron sobre el enorme toro que pastaba en paz en el prado. El mosquito diminuto planeó por el aire con gesto presuntuoso y se posó sobre uno de los cuernos afilados del toro. Allí se detuvo, se arregló las alas y empezó a pensar que le había hecho al toro un favor muy grande.

Temiendo que su peso pudiera aplastar al toro, decidió hablar con su voz finísima y mucha presunción. "Oh amigo majestuoso, espero no cansarte demasiado mientras estoy sobre tu cuerno", dijo con jactancia. El toro, en cambio, siguió masticando tranquilamente la hierba con gran apetito y espantando las moscas con la cola. Al no recibir respuesta, el mosquito orgulloso alzó un poco la voz y llamó al toro de nuevo. "Si mi presencia te resulta pesada, dímelo, y volaré enseguida a otro lugar", añadió. El mosquito imaginaba que el toro le quedaría agradecido por semejante cortesía. El enorme toro giró la cabeza despacio y miró con ojos indiferentes a la criatura diminuta que estaba en la punta de su cuerno.

Tomó aire profundamente y respondió con una voz potente pero completamente desinteresada. "No te oí decir que venías, pequeño amigo, así que no me entristeceré cuando digas que te vas", dijo sonriendo. "No me di cuenta de que te habías posado aquí, ni sentiré tu ausencia cuando te marches", terminó de decir. El pequeño mosquito, al comprender que toda su grandeza y su importancia no eran nada, no supo qué hacer de vergüenza. Batiendo las alas en silencio, se deslizó hacia lo hondo del bosque y desapareció de la vista. Quienes se creen mucho más grandes de lo que son comprenden demasiado tarde lo pequeños que son ante los ojos de los demás. La espiga vacía se mantiene erguida.