El milano y las palomas
Érase una vez una tierra de pájaros apacible, escondida a la sombra de verdes robles. En esta tierra vivían palomas alegres e inocentes que planeaban con plumas blanquísimas. Pero un milano cruel, posado en los altos riscos, ensombrecía sin cesar su alegría. Las palomas batían las alas con miedo cada día y no podían disfrutar del cielo a sus anchas. El milano astuto, en cambio, planeaba desde lo alto y acechaba la ocasión de cazarlas. Un día el milano astuto preparó un plan traicionero para cazar más palomas.
Se posó en la rama más alta del árbol y llamó a las palomas con voz dulce. "¿Por qué gastáis vuestra vida con miedo, huyendo de mí cada día?", preguntó. "Si me elegís como vuestro rey, os protegeré con gusto de todas las demás aves de presa", dijo. Las palomas se asombraron ante esa promesa tentadora y empezaron a susurrar entre ellas con emoción. Las palomas ingenuas creyeron en la falsa amistad del milano y pensaron que se librarían de esa vida temerosa. Así, proclamaron al milano su rey con alegría y se inclinaron ante él.
Pero en cuanto el milano astuto se puso la corona, mostró enseguida su verdadera y oscura cara. Empezó a atrapar cada día, una por una, a las palomas que había prometido proteger, y a comérselas con gusto. Las palomas desvalidas cayeron en un gran espanto ante esa desgracia que habían elegido con sus propias manos. Una de ellas susurró: "Hasta nuestro viejo miedo era mucho mejor que este reino cruel." Las palomas, que habían hecho señor a su enemigo, pagaron caro su elección equivocada. Al final los pobres pájaros, tras perder su libertad, se quedaron solos con un amargo arrepentimiento. Quienes buscan la paz esperando ayuda del enemigo están condenados a perder todo lo bueno que tienen. Quien cae por su propia culpa no llora.