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El milano que envidió al halcón

Nivel C1 · 351 palabras

El milano que envidió al halcón

Hace mucho tiempo, en lo alto de un ancho valle por donde corrían aguas frescas, vivía un pequeño milano. Aquel milano disfrutaba mucho planeando en las profundidades azules del cielo y casi bailaba con el viento. Pero en su corazón se escondía una honda envidia por un halcón imponente que se posaba en la peña más alta del valle. Cada vez que oía aquel grito fuerte y sonoro del halcón que hacía temblar los corazones, sentía vergüenza de su propia voz delgada. Al fin dejó a un lado las bellezas que le ofrecía su naturaleza y decidió gritar igual que un halcón. Una mañana, cuando el sol acababa de salir, se posó en la grieta más empinada del valle y respiró hondo.

Forzando la garganta cuanto pudo, se puso a imitar aquella voz majestuosa y fiera del halcón. Un cuervo experimentado que pasaba por el camino se detuvo al ver aquel esfuerzo vano y parpadeó con asombro. Con aire cariñoso el cuervo preguntó: "¿Por qué dejas tu propio canto y envidias la voz de otro, amigo mío?" El milano ambicioso levantó la cabeza y respondió: "Simplemente no quiero seguir siendo un milano corriente." El pequeño milano, que no hizo caso de las advertencias amistosas del cuervo, gritó sin parar durante semanas como si se desgarrara la garganta. Con el paso de los días su voz se volvió delgada y ronca, y su aliento se ahogaba más en cada intento.

Aun así no se rindió y, creyéndose un halcón, se empeñó en alcanzar aquel tono ajeno. Por fin, una tarde, cuando su propia bandada apareció en el cielo, quiso llamarla con alegría. Pero al abrir el pico, no salió ni aquel grito sonoro del halcón ni su antigua melodía propia. A causa de su voz arruinada por el esfuerzo excesivo, de su garganta solo salió un gruñido lastimoso. Mientras intentaba ser otro, había perdido por completo aquella hermosa voz propia que la naturaleza le había dado. Mientras su bandada se alejaba sin entender lo que decía, el milano se quedó solo y sin remedio sobre la peña. Quien olvida su propia esencia y trata de parecerse a otro se queda también sin lo que tiene. Zapatero, a tus zapatos.