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El mercader y su esposa

Nivel C1 · 374 palabras

El mercader y su esposa

Érase una vez, a la orilla de un viejo bosque por donde corrían aguas frescas, vivía un mercader rico y respetado. En su mansión llena de telas adornadas y especias raras, llevaba una vida feliz con su hábil esposa, conocida por su inteligencia y su perspicacia. El mercader confiaba siempre su riqueza celosamente guardada y sus tesoros inagotables a la lealtad inquebrantable de su esposa. Un día tuvo que emprender un largo viaje de comercio hacia los grandes mercados de tierras lejanas. Antes de partir tomó las manos de su esposa, le entregó todas las llaves de la mansión y se despidió con oraciones. Un rival astuto, viendo una oportunidad en la partida del mercader del pueblo, urdió un plan traicionero para apoderarse de esa gran fortuna.

Imitó la firma del mercader, preparó una carta falsa y llamó a la puerta de la mansión al caer la tarde. Plantándose ante la mujer con aire seguro, dijo: "Vuestro señor ha sufrido una gran pérdida en el camino." El hombre astuto mostró el documento falso que llevaba en la mano y afirmó que los cofres llenos de oro debían entregársele de inmediato. Pero la mujer inteligente sospechó de los modales agitados y de las palabras contradictorias del hombre, y comprendió la situación al instante. Sin dejar ver nada, sonrió e invitó al hombre a entrar diciendo: "El deseo de mi marido es, por supuesto, una orden para mí." Mezcló un suave jarabe somnífero en la bebida dulce que había preparado para él y se la ofreció al hombre.

El hombre astuto, ebrio de victoria, bebió la copa hasta la última gota y pronto cayó en un sueño profundo. La mujer inteligente registró los bolsillos del hombre dormido y encontró los documentos que probaban que él era el verdadero ladrón que había robado el sello del mercader. Avisó de inmediato a los guardias e hizo entregar a este hombre calumniador al palacio de justicia. Unas semanas después el mercader regresó de su viaje y, al enterarse del valor y de la inteligencia superior que había mostrado su esposa, se llenó de orgullo. Gracias a la clarividencia de su fiel esposa, la riqueza de la mansión se había salvado y un enemigo peligroso había sido vencido. Desde aquel día el mercader siguió con su vida multiplicando el respeto por la inteligencia y los sentimientos de su esposa. Un hogar guiado por la razón y la perspicacia permanece siempre protegido contra toda clase de maldad. La mentira tiene las patas cortas.