El lobo y el pastor
Hace mucho tiempo un joven pastor vivía junto a un bosque viejo. Cada mañana llevaba sus ovejas blancas a la hierba tierna. Los pájaros cantaban alegres y las ovejas pastaban tranquilas.
Un día apareció un lobo grande y gris entre los árboles. Al principio el pastor tuvo miedo y apretó bien su bastón. Pero el lobo no hizo daño y miró desde lejos.
Día tras día el lobo se acercó más al pastor. Cuando una oveja traviesa escapó, el lobo la trajo de vuelta. El pastor se sorprendió mucho y empezó a confiar en él. "Ahora este lobo es un buen amigo y un guardián", dijo.
Una tarde soleada el pastor quiso ir al pueblo cercano. Dejó las ovejas con el lobo dormido y salió al camino.
Apenas se fue el pastor, el lobo mostró su verdadera cara. El lobo hambriento atacó el rebaño y comió todas las ovejas.
Al atardecer solo encontró lana blanca en el prado. Se sentó triste en el suelo y comprendió su gran error.
Demasiado tarde aprendió a no confiar en un animal peligroso. Los malos corazones nunca cambian, aunque parecen muy amables. El lobo pierde el pelo, pero no las mañas.