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El lobo y el escarabajo

Nivel C1 · 366 palabras

El lobo y el escarabajo

Érase una vez, en lo profundo de un bosque antiguo donde los robles frondosos susurraban entre sí, vivía un lobo arrogante. Este lobo imponente, al que el bosque no lograba doblegar, miraba por encima del hombro a todo ser vivo y se enorgullecía de su propia fuerza. Sin embargo, dentro de un tronco podrido bajo ese mismo roble residía un escarabajo humilde pero muy inteligente. Una mañana de otoño, mientras el olor a tierra húmeda llenaba el aire, estos dos vecinos opuestos se encontraron cara a cara en el sendero. El lobo se acercó con gran fanfarronería al escarabajo, que estaba en medio del camino con su cuerpo diminuto. Golpeando el suelo con su enorme zarpa, el lobo rugió: "¡Quítate de mi camino, criatura sin valor!"

El escarabajo inteligente, sin perder la calma en absoluto, enderezó su duro caparazón y miró fijamente al enorme lobo. "Que la pequeñez de mi cuerpo no te engañe, vecino arrogante, mi ingenio y mi tesón son mayores que tu corpulencia", dijo. Enfurecido por estas palabras, el lobo soltó carcajadas y empezó a burlarse del valor del escarabajo. "Entonces pongamos a prueba nuestra fuerza, mañana al amanecer ajustaremos cuentas bajo este roble poderoso", gritó. El escarabajo aceptó la propuesta y envió aviso a todos sus pequeños amigos con orejas del bosque. El lobo, en cambio, confiaba tanto en sí mismo que reunió tras de sí a las monturas y a los depredadores.

Cuando llegó la hora del alba, en el gran bosque se dieron los primeros pasos de una lucha encarnizada. En el momento en que el lobo y sus enormes aliados pasaron al ataque, miles de diminutas criaturas voladoras bajo el liderazgo del escarabajo se alzaron por el aire. Abejas, moscas y pequeños escarabajos se lanzaron en tropel a las orejas, los ojos y las narices de los depredadores. El lobo arrogante, sin comprender qué le había ocurrido, se debatió desesperadamente para librarse del escarabajo de duro caparazón que se había posado en su cara. Los animales gigantescos tuvieron que huir sin mirar atrás ante el ataque decidido del diminuto ejército. El lobo, que pagó caro el precio de su orgullo equivocado, se sujetó la nariz herida con la zarpa y pidió perdón al escarabajo. A nadie se le debe menospreciar por su apariencia exterior o por su corpulencia. Come un bocado grande, pero no digas una palabra grande.