El Lobo y el Cordero
Una mañana soleada de primavera, el corderito comía hierba junto al arroyo. El agua dulce del arroyo cantaba alegremente por todo el bosque. El corderito tenía mucha sed y se acercó al agua. En ese momento, un lobo hambriento bajó de la colina. El lobo vio al tierno corderito y quiso comerlo enseguida. Pero primero el lobo quiso buscar una buena excusa.
"¿Por qué ensucias mi agua?", gritó el lobo con voz dura. "Pero señor, el agua baja de usted hacia mí", dijo el corderito con miedo. Esta respuesta lista enfadó al lobo, y él encontró otra excusa. "El año pasado hablaste mal de mí", dijo. "El año pasado yo todavía no existía", respondió el corderito sorprendido. "Entonces fue seguro tu hermano", gruñó el lobo.
"No tengo ni un solo hermano", se defendió el corderito. El lobo malo ya no quiso escuchar más. "Tú o tu familia, da igual", dijo, y saltó sobre el corderito. El pobre corderito tenía razón, pero no escapó del lobo. Contra la gente mala, la razón a veces no basta para protegernos. El lobo cambia el pelo, pero nunca cambia el corazón.