El lobo y el asno ante el juez
Érase una vez, al borde de un viejo bosque por donde fluían aguas frescas, vivía un lindo burro. Este burro comía hierba fresca todo el día y vivía en serenidad sin hacer daño a nadie. En las profundidades del bosque, rondaba un lobo traicionero conocido por su codicia y astucia. El lobo envidiaba la vida pacífica del inocente burro y buscaba una oportunidad para hacerle daño. Mientras las luces amarillas doradas del sol iluminaban el prado, una tensión silenciosa aumentaba al borde del bosque. Una mañana, el lobo hizo mucho ruido alegando que había perdido la presa que escondió en su guarida.
El lobo codicioso se acercó al inocente burro y comenzó a acusarlo de robo. El burro quedó atónito ante esta difamación inesperada y dijo con calma que era inocente. Cegado por la rabia, el lobo propuso ir al tribunal del bosque para resolver el asunto. El zorro astuto, el animal más sabio del bosque, fue elegido juez porque era conocido por tomar decisiones justas. El lobo hizo una gran actuación teatral ante la asamblea, afirmando que el burro robó su comida de invierno. "Señor juez, este burro de aspecto tranquilo entró en secreto a mi guarida anoche y robó mi presa", dijo.
El burro mantuvo la cabeza alta e hizo su defensa con un tono de voz confiado. "He comido solo hierba fresca toda mi vida, no tengo nada que ver con la carne", añadió. El juez zorro, tras escuchar atentamente a las partes, hizo preguntas al lobo sobre los detalles del suceso. Temiendo que se revelara su mentira, el lobo comenzó a dar declaraciones contradictorias en confusión. El zorro ordenó enviar a los guardias a la guarida del lobo para realizar un registro detallado.
Poco después, los guardias encontraron la carne que se afirmaba perdida debajo de la propia cama del lobo. Al comprender la verdad, el zorro decidió la absolución del burro y la expulsión del lobo del bosque. Mientras el lobo traicionero huía avergonzado, el burro honesto regresó alegremente a su prado pacífico. La justicia siempre revela la luz de la honestidad al rasgar la oscura cortina de la difamación. La mentira tiene patas cortas.