El lobo pescador y el zorro
Hace mucho tiempo, en un bosque donde corrían arroyos plateados y los árboles nevados se alzaban hacia el cielo, vivían un zorro astuto y un lobo ingenuo. Cuando en pleno invierno soplaron los vientos heladores, todos los alimentos del bosque se agotaron y los animales se quedaron a solas con el hambre. El zorro astuto, que vencía toda dificultad con su inteligencia, tramó enseguida un plan solapado para llenarse la barriga. Mientras caminaba alegremente a la orilla del lago, se encontró con un lobo indefenso que llevaba días sin probar un solo bocado. Cuando el lobo vio los deliciosos peces que el zorro tenía en las manos, se acercó a él con emoción y los miró con envidia. Con ojos curiosos, el lobo preguntó al zorro cómo había pescado tantos peces en aquel frío helador. Con una sonrisa taimada, el zorro afirmó que pescar no era un trabajo tan difícil como se creía.
Le aconsejó al lobo abrir un pequeño agujero en la superficie helada del lago y meter su larga cola en el agua. Engañó al lobo diciéndole que cuanto más tiempo mantuviera la cola en el agua, más peces se engancharían en ella. El lobo ingenuo creyó enseguida aquellas dulces palabras del zorro y corrió hasta el centro del lago helado. Arañando el hielo duro con sus garras, dejó caer lentamente su larga y peluda cola en el pequeño agujero que había abierto. Mientras esperaba con paciencia en la helada glacial de la noche, empezó a sentir un ligero peso y un dolor en la cola. El desdichado lobo, que creía que aquel peso eran peces enganchados en el anzuelo, soñaba para sus adentros con un delicioso banquete. Sin embargo, el agua heladora del lago encerraba sin piedad la cola del lobo dentro de un bloque de hielo.
Con las primeras luces de la mañana el zorro astuto llegó a la orilla del lago y observó de lejos el estado indefenso del lobo. El lobo intentó con emoción tirar de su cola hacia arriba, pero no pudo moverse, porque el lago helado lo había encerrado por completo. El zorro solapado anunció la noticia a los aldeanos cercanos y, gritando, dirigió hacia el lago a los cazadores que despertaron de su sueño invernal. Al oír las voces de los cazadores que se acercaban, el lobo, lleno de terror, se lanzó hacia adelante con todas sus fuerzas huyendo por su vida. Dejando atrás su cola en el hielo, salvó a duras penas la vida y huyó hacia las profundidades del bosque hasta desaparecer. Quienes confían sin pensar en las dulces palabras de otros pagan un precio muy alto por su propia ignorancia. Quien cae por su propia culpa no llora.