El león loco
Un león loco que perdía la cabeza por la ira en el bosque atacaba a cada criatura que encontraba sin motivo. El león, cuyos ojos no veían nada debido a la ira, arrancaba árboles, arañaba rocas y sembraba el terror a su alrededor. Actuando tras las quejas de los habitantes del bosque, unos cazadores astutos colocaron una trampa de jaula de hierro fuerte en el camino por donde pasaría el león. El león loco corrió hacia la trampa con ciega ira y se encontró encerrado tras los barrotes de hierro.
Al no poder controlar su ira, el león perdió su libertad y quedó condenado a una jaula atado con pesadas cadenas. La ira descontrolada ciega la lógica de una persona y hace que caiga en una trampa por su propia mano. Quienes no pasan sus emociones por el filtro de la razón pagan el precio de sus ambiciones momentáneas con el cautiverio. Mantener la calma y frenar la ira es la mayor fuerza.
Quien no puede vencer su ira pierde su libertad. La ira ciega arrastra a una trampa. El poder descontrolado es un desastre. El que se levanta con ira queda encadenado.
La razón es el remedio para la ira. La calma preserva la libertad. Frenar la ira es la verdadera fuerza.