El león, el zorro y el mono
Un león cruel buscaba constantemente excusas para castigar a los seres vivos que tenía al lado. Primero el león llamó al mono y le hizo oler su aliento y le preguntó: "¿Mi aliento huele mal?"; cuando el mono dijo honestamente: "Sí señor, huele muy mal", el león lo despedazó. A continuación el león llamó al zorro y le hizo la misma pregunta; cuando el zorro dijo de forma aduladora: "De ninguna manera señor, su aliento huele a flores", el león lo acusó de adulación y lo castigó también. Finalmente, al hacer la misma pregunta a otro zorro sabio, el león recibió la respuesta: "He cogido un resfriado fuerte señor, mi nariz no huele nada."
Junto a administradores crueles y malintencionados, actuar con honestidad y adular son igualmente peligrosos. En tales entornos, el camino más seguro es mantenerse neutral y lograr quedarse fuera de la situación. Sean cuales sean las respuestas dadas ante alguien con malas intenciones, se usan como excusa. Mantenerse alejado del peligro preservando la cortesía y la inteligencia es la mayor sabiduría.
Junto a los crueles, tanto la honestidad como la adulación son peligrosas. Ninguna respuesta sostiene ante quien busca una excusa. Tanto la adulación como la honestidad pueden ser castigadas. Quien se mantiene neutral se protege del peligro.
El malintencionado inventa excusas. La persona sabia se retira en la crisis. El silencio salva vidas en momentos difíciles.