El Ladrón y su Madre
Había una vez, en un lindo pueblo lleno de pájaros que cantaban, un niño pequeño. Un día, en la escuela, el niño guardó en silencio el bonito lápiz de su amigo. Por la tarde volvió a casa y enseñó el lápiz robado a su madre. La madre no lo riñó; sonrió y lo felicitó. El niño tomó valor por eso y se puso muy contento. Pasaron los años y el niño creció como un joven fuerte.
Ya no robaba lápices pequeños, sino oro y cosas caras. La madre se alegraba en silencio de cada robo grande. Pero una noche los guardias atraparon al hombre malo en un gran palacio. El juez de la ciudad dio al ladrón un castigo muy duro. Toda la gente del pueblo y su madre llorosa llegaron a la plaza. Antes del castigo, el joven quiso hablar con su madre una última vez.
La anciana se acercó a su hijo con lágrimas en los ojos. El joven se inclinó hacia la oreja de su madre y la mordió con fuerza. La mujer gritó de dolor y todos los miraron con asombro. El joven dijo: "No me paraste con el primer lápiz, por eso hoy estoy aquí." La madre entendió su gran error, pero ya era demasiado tarde. Corrige a tiempo los errores pequeños y nunca llegarán las grandes desgracias. El árbol se endereza cuando es joven.