El hombre y el rinoceronte
Érase una vez, al borde de un bosque antiguo por donde corrían aguas frescas, vivía un cazador ambicioso y arrogante. Este hombre se había empeñado en capturar al legendario rinoceronte salvaje, el habitante más magnífico del bosque. Se ciñó su lanza labrada en oro y comenzó a avanzar con determinación por el sendero sombreado por árboles espesos. A medida que se adentraba en el bosque, los alegres cantos de los pájaros cesaron y un silencio inquietante lo cubrió todo. Cada paso que daba entre los poderosos robles cubiertos de musgo lo llevaba al umbral de una experiencia dolorosa. Justo en ese instante la tierra se estremeció con un bramido ruidoso que sacudió el suelo.
El majestuoso rinoceronte, que salió de entre los árboles, apuntó su cuerno afilado hacia el cazador y corrió furioso hacia él. Aterrado, el hombre tropezó mientras huía por su vida y rodó por un precipicio profundo. En el último momento logró agarrarse a la raíz de un arbusto y quedar colgado en medio del precipicio. Cuando miró hacia abajo, vio un dragón terrible que esperaba en la oscuridad sin fondo. Cuando miró hacia arriba, notó que el rinoceronte furioso seguía resoplando con rabia. Justo entonces una gota de miel que se deslizaba por la grieta de la roca llegó a su nariz.
El hombre desesperado acercó el dedo a la miel, y al probar aquella dulce gota olvidó por un instante el peligro en que se hallaba. Al ver esa actitud indiferente del hombre, el rinoceronte habló con una voz profunda e imponente. "Que te dejes engañar por una pequeña dulzura incluso al borde de la muerte muestra cuán débil es el ser humano", dijo. El rinoceronte calmó su ira y retrocedió, dando al cazador la oportunidad de trepar hasta la llanura. El cazador, que salió con dificultad del hoyo, comprendió a qué desastre lo había arrastrado su ambición. El hombre arrojó su lanza al suelo y se prometió a sí mismo que nunca más rompería el equilibrio de la naturaleza. Quien cae bajo el dulce hechizo de los antojos pasajeros queda privado de ver los grandes peligros que tiene al lado. El vinagre muy fuerte daña su propia tinaja.