El Hombre Rico y el Curtidor
Érase una vez un hombre rico en un pueblo bonito de calles estrechas de piedra. Este hombre tenía una casa enorme y muy hermosa con un jardín. Pero justo al lado de la casa había un viejo taller de curtidor. Cada día el curtidor lavaba pieles de animales con agua y las secaba al sol. Por eso un olor muy malo y pesado salía del taller y llenaba el barrio. El hombre rico no estaba nada contento con ese mal olor. Un día no aguantó más y fue a ver a su vecino curtidor.
"Por favor, lleva tu taller a otro sitio, este olor me molesta mucho," dijo. El curtidor trabajador miró a su vecino con una sonrisa y respondió. "Tienes razón, vecino, dame una semana y me mudo enseguida," dijo. El hombre rico creyó esas palabras y decidió esperar con paciencia. Pero después de una semana el curtidor no se mudó y pidió un poco más de tiempo. Los días siguieron a las semanas, pero el taller siempre se quedó allí. Cada día el hombre rico seguía pasando por delante del taller.
Con el tiempo aquel mal olor le pareció menos pesado que antes. Después de unos meses el hombre rico ya no olía nada. Cuando el curtidor por fin habló de la mudanza, el hombre rico sonrió. "Ya no tienes que mudarte, porque me acostumbré a este olor," dijo. Con el tiempo las personas se acostumbran incluso a las situaciones más difíciles y molestas. El tiempo lo cura todo.