El hombre que perdió la cabeza
Un hombre que llenaba su mente de delirios perdió la cabeza y empezó a considerarse una frágil vasija hecha de barro. El hombre huía de la gente y temblaba en el rincón diciendo: "No me toquen, al menor contacto me rompo y me despedazo." Un médico sabio que llegó a la aldea comprendió el estado del hombre, se le acercó, lo abrazó con firmeza y lo empujó hacia el suelo. Al ver que no se rompía y que su cuerpo estaba hecho de carne y huesos sólidos, el hombre despertó de su delirio y recuperó la cabeza.
Los delirios, miedos y ansiedades que cautivan la mente desaparecen solo cuando se afrontan con valentía con la realidad. Los delirios vacíos y miedos infundados encierran a la persona en su propia mazmorra. La luz de la realidad y la intervención adecuada disipan las fantasías que cautivan la mente. Librarse de los miedos es posible experimentando directamente la realidad.
Librarse de delirios y ansiedades es posible dándose cuenta de la realidad. El delirio convierte la mente en una mazmorra. Enfrentar la realidad disipa el miedo. El delirio paraliza a la persona.
El remedio para la razón es la realidad. Librarse del delirio requiere valentía. Liberar la mente depende de la realidad.