El gobernador lobo y el asno
Un lobo nombrado gobernador regional por el rey león se presentó ante el pueblo y empezó a dar discursos de justicia. El lobo dijo: "Ahora la justicia prevalecerá en estas tierras, todos darán una parte de la presa que atrapen al fondo común y compartiremos por igual." El asno dio un paso al frente y preguntó: "Señor gobernador, estas hermosas reglas son estupendas, pero ¿cuándo rendirá cuentas por los corderos inocentes que robó y comió del redil ayer mismo?" Ante esta pregunta, el lobo no supo qué decir, se sintió avergonzado y se vio obligado a cancelar las leyes falsas que había establecido.
Los reclamos de justicia y equidad por parte de personas con injusticia u opresión en su pasado no son convincentes ante el pueblo. Quienes intentan dar lecciones de moral a otros mientras sus propios delitos y vergüenzas están a la vista quedan en ridículo en la primera pregunta. El administrador que vaya a distribuir justicia debe tener primero un pasado limpio y sin manchas. Las reglas establecidas por personas manchadas no inspiran confianza.
Quienes tienen un pasado sucio no pueden distribuir justicia. Quien no ve su propia mancha no puede distribuir justicia. La ley falsa deja en ridículo. El que da lecciones de moral debe estar limpio.
La opresión pasada no se olvida. Un líder manchado no inspira confianza. La verdadera justicia empieza con un pasado honesto.