Todos los cuentos

El gato, el ratón y el queso

Nivel C1 · 334 palabras

El gato, el ratón y el queso

Había una vez una despensa de madera detrás de los campos de trigo amarillo, de la que se elevaba el aroma del queso fresco. En un rincón oscuro de aquella profunda despensa vivía el Gato Astuto, y en el otro rincón, el Ratón Avispado. Una mañana, sobre la mesa de madera del centro mismo de la despensa, apareció una enorme rueda de queso que deslumbraba por su sabor. Con su color dorado y el delicioso aroma que esparcía, aquel queso bastó para despertar el apetito de ambos. Sin embargo, los dos se quedaron al acecho en silencio, esperando que el otro diera el primer paso. Vencido por su impaciencia, el Ratón Avispado dio un paso fuera de su madriguera y llamó al gato.

"Oh, eterno rival mío, este queso enorme nos basta y sobra a los dos; ven, repartámoslo como hermanos", dijo. El Gato Astuto se retorció los bigotes, entornó los ojos y respondió con un aire de lo más amable. "Tienes razón, amigo mío; no puede haber mejor ocasión para hacer las paces", ronroneó. "Acércate tú primero, para que te reparta la parte más fresca y tierna del queso", dijo, tratando de engañar al ratón. Atento al rugido de su estómago, el ratón cayó en el hechizo del delicioso aroma y se deslizó hacia el gato. En el instante en que llegó junto al queso, advirtió la chispa codiciosa en los ojos del gato, pero ya era demasiado tarde.

De un solo zarpazo, el Gato Astuto arrinconó tanto el queso como al ratón. Al comprender que había caído en la trampa, el ratón logró con un último esfuerzo escurrirse de la pata del gato. Hizo rodar la rueda de queso fuera de la mesa, distrajo al gato y huyó a su agujero oscuro. El gato, que pagó el precio de su codicia quedándose sin el sabroso alimento, echó a perder también el queso caído. Así el ratón salvó la vida y la taimada artimaña del gato se volvió contra él mismo. Quienes se dejan engañar por las dulces promesas del enemigo y pretenden asociarse con él, acaban perdiendo por completo la oportunidad que tenían en las manos. Por ir a por lana, salir trasquilado.