Todos los cuentos

El gallo que confió en los gatos

Nivel B2 · 330 palabras

El gallo que confió en los gatos

Érase una vez, al borde de un bosque antiguo donde corrían aguas frescas, un gallo orgulloso. Este gallo, con sus plumas brillantes y su voz fuerte, era el habitante más soberbio del barrio. Cada mañana subía al tejado y cantaba canciones, sintiéndose como un rey. Los gatos astutos del bosque observaban desde lejos, con mucha atención, sus modales soberbios. Al final los gatos decidieron aprovechar el orgullo ingenuo del gallo y ponerle una trampa inolvidable. Un día el líder de los gatos se acercó al gallo y se inclinó con gran respeto. “Oh gallo sublime, seguramente es injusto que un señor tan espléndido como tú camine por la tierra”, dijo.

Los gatos trajeron un palanquín de madera adornado y dijeron que querían llevarlo como a un rey. Cuando el gallo oyó estas palabras llenas de elogio, hinchó el pecho de orgullo. Sin pensar nada, se instaló en el palanquín adornado y dejó que los gatos lo llevaran. Los gatos tomaron al gallo sobre sus hombros y empezaron a avanzar alegremente por las calles del pueblo. Mientras el gallo saludaba a los aldeanos desde lo alto, no notaba en absoluto adónde iban los gatos. Poco a poco se alejaron del poblado y entraron en un sendero del bosque escondido y oscuro. Cuando el camino llegó a un lugar solitario, la dulce sonrisa en la cara de los gatos desapareció de repente.

Los gatos dejaron de repente el palanquín en el suelo y rodearon al gallo. El gallo, que no entendía lo que pasaba, empezó a gritar y a batir las alas con miedo. Pero los gatos astutos se lanzaron sobre el pobre gallo sin darle la oportunidad de escapar. El gallo, víctima de su propia soberbia, entendió demasiado tarde el peligro detrás de las palabras dulces. Así el gallo que creyó los elogios falsos se convirtió en una cena sabrosa para los gatos astutos. Los que creen las palabras dulces y el respeto falso del enemigo, al final son arrastrados a un gran desastre. No creas que todo el que te sonríe es un amigo, ni que todo el que habla dulcemente es un compañero.