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El funeral del lobo

Nivel C1 · 384 palabras

El funeral del lobo

Érase una vez, más allá de los valles de un verde intenso, un bosque encantador que sombreaban robles majestuosos. Los inocentes habitantes de este bosque vivían desde hacía años en las sombras, por miedo a un Lobo cruel y astuto. En un día de otoño en que el viento soplaba frío, el viejo Lobo, que ya no podía cazar, urdió un plan traicionero. Fingiéndose muerto, se propuso atraer hacia sí a los animales ingenuos y cazarlos con facilidad. El Zorro Astuto, el amigo tramposo del Lobo, trepó a una roca alta en medio del bosque y gritó. "¡Oíd, buena gente, gran noticia, el Lobo, Señor del Bosque, ha muerto y espera un último adiós!" Las ovejas, los conejos y las cabras que oyeron esta noticia inesperada se reunieron con asombro delante de la cueva.

Atrapados entre el miedo y la curiosidad, los animales se acercaron con pasos lentos y tímidos al Lobo que yacía allí. Aunque todos mostraban una pena fingida, en el fondo sentían un gran alivio. "Debemos organizar un funeral glorioso a nuestro vecino de tantos años", dijo la Cabra Vieja, mirando con desconfianza. El Lobo, por su parte, cerró los ojos con fuerza y esperó con impaciencia a que sus presas se acercaran un poco más. Al monstruo tramposo le rugía el vientre de hambre, y a duras penas se contenía para poder yacer sin moverse. Justo cuando un cordero ingenuo iba a inclinarse para mirarle la cara, la Cabra Sabia lo tomó del brazo y lo hizo retroceder. "¡Esperad un momento, amigos míos, yo nunca he visto un muerto que respire y al que le tiemblen los bigotes!", exclamó.

Los demás animales que oyeron estas palabras miraron con atención y notaron que al Lobo le temblaba el párpado. "¡Puesto que este muerto aún no se ha enfriado, venid, quemémoslo vivo para que descanse en paz!", gritó la Cabra. El Lobo traicionero, que comprendió que sería atrapado y quemado, se puso de pie de un salto gruñendo. Pero el monstruo, cuya trampa había fracasado, no pudo atrapar a ninguno de los ágiles animales que huyeron entre los matorrales. El magnífico funeral se convirtió en un instante en una alegre fiesta de victoria. En cuanto al Lobo traicionero, hambriento y deshonrado, se encerró en su cueva y se quedó a solas con su vergüenza. Las trampas puestas con mala intención están siempre condenadas a enredarse en los pies de quien las tiende. La mentira tiene las patas cortas.