El falso médico
Hace mucho tiempo, en un pueblo encantador donde corrían aguas frescas, vivía un zapatero llamado Ahmet. Durante años se ganaba la vida remendando botas viejas, pero nunca lograba librarse de la pobreza. Ardiendo en deseos de hacerse rico, Ahmet decidió un día ejercer la medicina. Limpió y adornó su vieja tienda y colgó encima un gran letrero con letras doradas. Se echó al hombro una túnica espléndida y se presentó a la gente del pueblo como un médico experto. En poco tiempo la fama de este falso médico se difundió de boca en boca y llegó hasta el palacio.
La querida hija del sultán llevaba días con dificultad para respirar por una espina de pescado clavada en la garganta. Los guardias del palacio llegaron enseguida a la tienda y llevaron a Ahmet a toda prisa ante el sultán. El soberano tronó: "¡Si curas a mi hija te cubriré de oro; si fracasas cumplirás tu castigo!" Temblando de miedo, Ahmet, que no entendía nada de medicina, no supo qué hacer. El falso médico, desamparado, decidió probar su última oportunidad haciendo gestos cómicos. Se puso una máscara graciosa en la cara y empezó a saltar ante la princesa haciendo ruidos extraños.
La princesa, que no se había reído nunca hasta aquel día, estalló en carcajadas al ver aquel espectáculo raro. Mientras reía, la espina afilada salió disparada de su garganta y la princesa respiró con alivio. Al ver a su hija curada, el sultán regaló con alegría a Ahmet un gran cofre de oro. Pero Ahmet, incapaz de olvidar el miedo que había pasado, se arrodilló ante el sultán y confesó su verdadero oficio. El soberano, que apreció su honradez, lo perdonó y le permitió volver con seguridad a su propia tienda. Ahmet no volvió jamás a emprender trabajos que no conocía y regresó a su fiel martillo y su aguja. La persona encuentra la paz cuando trabaja con honradez y conoce el valor de su propio esfuerzo. La vela del mentiroso arde solo hasta el anochecer.