El día de fiesta y el día siguiente
Érase una vez, al borde de un viejo bosque donde borboteaban aguas frescas, vivía un pueblo alegre. Un joven zorro llamado Alaz, que vivía cerca de este pueblo, siempre soñaba con saciar su hambre de la forma fácil. Los aldeanos decoraron la plaza con telas de colores para la gran celebración de la fiesta y comenzaron a cocinar deliciosas comidas. El aroma a carnes asadas y dulces que subía de los calderos se extendió hasta lo profundo del bosque. Al oler el aroma, Alaz se acercó en silencio a la plaza del pueblo con ojos brillantes y puso sus ojos en el gran banquete.
Durante todo el día de fiesta, se cantaron canciones festivas en la plaza y se montaron banquetes magnánimos. Alaz agarró los sabrosos bocados que caían de las mesas y comió sin parar hasta estar completamente lleno. Un tejón viejo y sabio se le acercó y le dio una advertencia con voz suave. "Hoy te diviertes con la emoción de la fiesta, pero también deberías guardar algo de comida para mañana", dijo el sabio tejón. Ebrio por la fiesta, Alaz se rió e ignoró el valioso consejo del tejón. "Qué absurdo es pensar en el mañana mientras se disfruta del hoy", dijo, continuando su juego.
Durante toda la noche corrió alrededor de las mesas del banquete, comiendo y bebiendo hasta la última gota de sus fuerzas. Incluso cuando se puso el sol y cayó la oscuridad, continuó la diversión sin importar su dolor de estómago. Cuando se despertó a la mañana siguiente, no quedaba ni música alegre ni comida deliciosa en la plaza de la fiesta. Los aldeanos se habían retirado a sus casas, dejando atrás solo calderos vacíos y cenizas frías arrastradas por el viento. Con el estómago completamente vacío y retorciéndose de cansancio, Alaz corrió a derecha e izquierda desesperadamente buscando comida.
Sin embargo, donde hasta ayer había mesas rebosantes de abundancia, ahora soplaba un viento frío del norte. La diversión irresponsable de ayer dio paso al agotamiento y a un hambre implacable. Los placeres temporales disfrutados sin pensar en el futuro dejan a la persona indefensa ante las duras realidades del día siguiente. Comer dulce trae eructos amargos.