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El cuervo y sus crías

Nivel C2 · 362 palabras

El cuervo y sus crías

Érase una vez, a la orilla de un mar azul profundo cuyo fin no se veía, una vieja corneja que vivía en lo alto de unos altos acantilados. Esta corneja experimentada hizo frente a los vientos tormentosos y crió con ternura a sus tres queridos polluelos hasta que pudieron volar. Un día, un fuego implacable que subía del valle empezó a amenazar su nido. La corneja madre tuvo que llevar a sus polluelos uno a uno al bosquecillo seguro de la orilla opuesta. Entre los relámpagos del horizonte y el humo que subía, un viaje duro los esperaba. Primero agarró a su polluelo mayor con sus fuertes garras y se elevó sobre las aguas bravas. Cuando llegaron al centro del inmenso mar, la corneja madre le hizo a su polluelo una pregunta que lo ponía a prueba.

"Cuando yo envejezca y quede indefensa, ¿me llevarás tú a mí, tal como yo te llevo ahora?" El polluelo mayor, por miedo a morir, respondió enseguida: "Claro que sí, madre mía, te llevaré sobre mi espalda toda mi vida." La corneja madre no creyó esa palabra falsa, soltó a su polluelo y castigó la mentira. Volvió atrás, cargó a su polluelo mediano y de nuevo, sobre las olas bravías, le hizo la misma pregunta. El polluelo mediano también la aduló con palabras dulces, creyendo que engañaría a su madre, e hizo promesas parecidas. La madre, que olió la mentira enseguida, no dudó en dejarlo caer también en el regazo de las aguas profundas. Por fin cargó sobre su espalda al polluelo más pequeño, que se había quedado en el nido, y subió otra vez al cielo tormentoso.

En medio del mar le hizo también a su polluelo más pequeño la misma pregunta difícil. El polluelo honrado dijo sin vacilar: "No, madre mía, para entonces estaré ocupado alimentando y criando a mis propios polluelos." Ante esta respuesta sincera y verdadera, el corazón de la corneja madre se llenó de una paz profunda. Agarró con fuerza al polluelo que dijo la verdad con valentía y lo llevó a la orilla opuesta segura, al bosquecillo verde. Así la honradez y la verdad vencieron una vez más sobre el mar tormentoso. Las promesas mentirosas traen desgracia; la honradez salva la vida, aunque sea amarga. La mentira tiene las patas cortas.