El cuco y el águila
Hace mucho tiempo, a la orilla de un bosque antiguo por donde corrían aguas frescas, vivía un cuco tramposo. Este pájaro egoísta era conocido por dejar sus huevos secretamente en los nidos de otros en lugar de construir su propio nido. En cambio, en los acantilados escarpados del mismo bosque planeaba un águila imponente conocida por su valor y su justicia. Día tras día el cuco empezó a envidiar el profundo respeto que todas las criaturas del bosque sentían por el águila. Al final no pudo soportarlo, cedió a su vanidad y alzó el vuelo hacia los altos acantilados para enfrentarse al águila. Una mañana, mientras el águila descansaba en la rama de un gran roble, el cuco se posó insolentemente a su lado. Con aire arrogante esponjó sus plumas y miró con ojos curiosos al gran águila.
“Oh gobernante de los cielos, ¿por qué los pájaros pequeños te reverencian con gran amor mientras huyen de mí?”, preguntó. “Yo también vuelo alto como tú y lleno el bosque de alegría con mi hermosa voz.” “A pesar de eso, los reyezuelos y los gorriones se quejan constantemente de mi presencia.” El águila volvió sus ojos afilados y sabios hacia aquel pájaro tramposo y escuchó con calma. Extendiendo sus alas con majestad, le respondió con un tono de voz profundo. “Al posarte sobre el trabajo de otros, eliges vivir sin esfuerzo, sin derramar sudor”, dijo. “La verdadera respetabilidad no se construye con engaño, sino con tu propio trabajo y con justicia.”
Ante esta sabia respuesta el cuco inclinó la cabeza con turbación. En ese momento comprendió que los éxitos falsos obtenidos sin ningún esfuerzo no tienen valor. Batiendo sus amplias alas, el águila orgullosa planeó hacia el azul infinito del cielo. El cuco, en cambio, comprendió que nunca podría ganar un amor verdadero con lo que había hecho y desapareció en las profundidades del bosque. Así se quedó a solas con sus propios errores bajo la luz de la verdad. Una reputación temporal obtenida sin trabajo está siempre condenada a desaparecer ante el viento de la verdad. Sin trabajo no hay pan.