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El comandante y el soldado

Nivel B2 · 345 palabras

El comandante y el soldado

Érase una vez, un palacio magnífico al borde de un bosque antiguo donde corrían aguas frescas. En este palacio vivía un comandante valiente y orgulloso, muy querido por su pueblo. El comandante era un líder sabio que se había hecho famoso en toda la tierra por sus grandes victorias. Mientras el aroma de los tilos subía en el jardín del palacio, el comandante escuchaba cada día las penas del pueblo. Una mañana de verano llegó un viejo soldado que había luchado hombro con hombro con él en las guerras antiguas. El soldado, que llevaba en el rostro el cansancio de los años, había llegado ante el tribunal por una acusación injusta. El viejo soldado se inclinó con respeto ante su comandante, con profunda lealtad en los ojos.

“Mi señor, mi nombre se ha mezclado en una injusticia, y mañana compareceré ante la justicia”, dijo. Pero el comandante estaba muy ocupado y le ofreció enseguida nombrar un representante. “Enviaré al tribunal a mi abogado más hábil para que te defienda”, respondió. Cuando el viejo soldado oyó esta respuesta, se le encogió el corazón y descubrió su brazo lleno de cicatrices de espada. El soldado miró a los ojos del comandante y le hizo un reproche inolvidable. “Ah, mi gran comandante, cuando nos enfrentamos al enemigo en aquella guerra sangrienta, yo no envié a otro en mi lugar”, dijo. “Mientras las flechas del enemigo caían sobre nosotros, puse mi pecho delante de ti sin dudar ni un momento.”

Estas palabras llenas de reproche entraron en el corazón del comandante como un cuchillo afilado. El recuerdo de los días antiguos y la lealtad del soldado bastaron para llenar de lágrimas los ojos del comandante. El comandante, que comprendió su error, se levantó de su propio trono el día del juicio y fue él mismo a la sala. De pie junto a su viejo amigo, lo defendió con palabras cálidas y con orgullo. El soldado, cuya inocencia quedó probada, abrazó a su antiguo comandante con ojos agradecidos y salió del palacio en paz. La verdadera lealtad no es enviar un representante en los días difíciles, sino estar tú mismo junto al amigo. El amigo verdadero se conoce en el día oscuro.