El ciego
En un pueblo pequeño vivía un anciano ciego. Con las manos reconocía cada animal al momento. También sabía enseguida la clase del animal. Unos jóvenes bromistas quisieron gastarle una broma. Trajeron del bosque un pequeño lobezno. Pusieron el lobezno en el regazo del anciano. «¿Qué animal es este?», preguntaron.
El anciano pasó las manos por el pelo suave. Tocó las orejas puntiagudas y las patas pequeñas. Pensó un rato y se quedó callado. Los jóvenes esperaron la respuesta con curiosidad. El anciano movió la cabeza con calma.
«Quizá un perro, quizá un lobo», dijo. «Pero una cosa sí la sé», dijo. «Este animal no vale para el rebaño», respondió. Los jóvenes bromistas admiraron su fino instinto. Devolvieron el lobezno al bosque con calma. Un solo toque mostró la naturaleza peligrosa del animal.
De un lobezno siempre sale un lobo.