El cazador y el pescador
Un cazador que regresaba con carne de venado cazada en la montaña se encontró con un pescador que regresaba con pescado fresco capturado en el mar. Ambos decidieron intercambiar la comida que tenían; el cazador dio carne, el pescador recibió pescado. Al principio a ambos les gustó mucho este trueque, citándose todos los días para intercambiar carne y pescado. Sin embargo, al pasar las semanas, el cazador se cansó del pescado y el pescador se cansó y asqueó de la carne de venado.
Ambos dijeron: "Ojalá no hubiéramos hecho trueques todos los días, ahora ni el pescado ni la carne nos parecen deliciosos." Cuando las personas alcanzan continuamente las mismas bendiciones, pierden el sabor y el valor de esas bendiciones. La abundancia inmoderada y el consumo excesivo embotan el sentido del placer de una persona y traen cansancio. Para que las bendiciones sigan siendo deliciosas y continúe la gratitud, es esencial un consumo equilibrado y moderado.
La abundancia excesiva y el consumo continuo de las mismas cosas destruyen la satisfacción. Demasiado de cualquier cosa trae cansancio. El consumo moderado preserva el sabor. La abundancia continua reduce el valor.
El equilibrio es la clave del placer. El exceso trae asco. El contento aumenta el sabor de las bendiciones.