El cazador cobarde
Un cazador cobarde que paseaba por el bosque con su lanza presumía ante cada criatura que encontraba de que buscaba un león. El cazador preguntó a un leñador que encontró en el camino: "Hermano, ¿has encontrado alguna huella de león por aquí? ¿Sabes dónde está el león?" Intuyendo la cobardía del cazador, el leñador dijo: "Si quieres, puedo mostrarte no solo su huella, sino directamente al león mismo, está tumbado en esa cueva." Cuando el cazador oyó esta oferta del leñador, se puso pálido de miedo y huyó sin mirar atrás, temblando: "No buscaba al león mismo, sino solo su huella."
Quienes hacen una demostración de valentía desde lejos y van de héroes dan un paso atrás rápidamente al enfrentarse al peligro real. La falsa valentía se queda en palabras; en momentos de dificultad y peligro, las fanfarronadas vacías dan paso al miedo. La verdadera valentía no reside en el discurso, sino en la acción y en la postura digna que se muestra ante el peligro. Quienes deslumbran con palabras vacías quedan en ridículo en la primera prueba seria.
Quienes son valientes de palabra huyen al encontrar un peligro real. La falsa valentía se apaga en el peligro. Un barco de queso no navega con palabras. El verdadero valiente se revela en el peligro.
El cobarde se convierte en héroe con palabras. El fanfarrón queda en ridículo en la prueba. La valentía aparece en la acción.