El carnero y su amo calvo
Érase una vez, en un valle verde por donde corrían aguas frescas, vivía un amo viejo y calvo. Este hombre sabio tenía un carnero fiel de vellón espeso y cuernos curvos, orgulloso de su majestuosidad. Mientras el sol se deslizaba por detrás de las montañas, el amo y el carnero paseaban en paz por los prados de terciopelo, escuchando el susurro del viento. Pero el astuto ladrón del pueblo vecino acechaba la ocasión de apoderarse de aquel animal magnífico. Una tarde, mientras caía el crepúsculo, el hombre astuto aprovechó el descuido del amo y robó el carnero a escondidas del establo. El ladrón, que huía hacia lo profundo del bosque, agarraba con fuerza la cuerda del carnero y lanzaba gritos de victoria. El carnero listo, en cambio, ya había empezado a echar de menos el brillo de la cabeza calva de su dueño y su voz misericordiosa.
De pronto el carnero se detuvo, sacudió sus imponentes cuernos y lanzó una mirada dura al astuto ladrón. "¿Crees acaso que podrás separarme de mi amo, hombre insensato?", rugió el animal orgulloso. El ladrón se quedó helado de asombro y retrocedió diciendo: "¿Cómo puede un animal hablar como un humano?" El carnero, usando su aguda inteligencia, decidió gastarle al ladrón una broma inolvidable. "¡Si no me sueltas ahora mismo, la magia oculta de mis cuernos convertirá en piedra todas las ropas que llevas encima!", dijo. El hombre, que temblaba de miedo, soltó la cuerda de su mano al instante por temor al hechizo. Justo en ese momento el amo calvo, que seguía las huellas, apareció entre los árboles con su candil en la mano.
Al ver la cabeza reluciente de su amo, el carnero baló de alegría y corrió hacia su amigo. El amo calvo abrazó a su fiel amigo y acarició con ternura su lana sedosa. El astuto ladrón, al comprender que había caído en la broma, huyó al bosque oscuro lleno de vergüenza y miedo. El amo y el carnero listo regresaron alegremente a su hogar por el sendero iluminado por la luz de la luna. Desde aquel día ningún malintencionado se atrevió a romper el lazo inquebrantable de estos dos amigos. Todos en el valle contaron durante años con admiración esta historia única de amistad en la que se unieron la inteligencia y la lealtad. Cuando la inteligencia y la lealtad se unen, hasta las trampas más astutas quedan en nada. Quien siembra vientos, recoge tempestades.