El carnero y el lobo
Hace mucho tiempo, junto a un bosque antiguo de aguas frescas, vivía un carnero sabio que se enorgullecía de sus cuernos curvos. Vagaba libremente por los pastos verdes y pacía en paz, aspirando los frescos aromas de tomillo que traía el viento. Una tarde, mientras las sombras moradas caían sobre la ladera de las montañas, se oyó entre los arbustos el gruñido de un lobo astuto. Aquel lobo taimado, cuyos ojos brillaban de hambre, soñaba desde hacía mucho con una presa sabrosa. Creyendo que al carnero no le quedaba escapatoria, el lobo se plantó justo delante de él con pasos amenazantes. Con aire soberbio gruñó: "Hoy la suerte me ha sonreído, por fin he encontrado mi cena." Aunque su corazón latía deprisa, el carnero no perdió la sangre fría y decidió usar su ingenio.
Inclinando levemente el cuello, dijo: "Es un honor para mí servir de alimento a un cazador tan fuerte como tú." "Pero, para no estropear el sabor de mi carne magra, tengo una pequeña propuesta para ti", añadió. Sorprendido por aquella mansedumbre inesperada, el lobo aguzó las orejas con curiosidad. "Si abres la boca de par en par y esperas debajo de la colina, yo puedo saltar desde allí directamente a tu garganta", dijo. "Así no te cansarás por atraparme, ni tendrás que masticar mis huesos", habló de forma convincente. La idea de llenar la barriga sin esfuerzo había logrado seducir la mente del lobo astuto. "Es una idea maravillosa, sube ahora mismo a la colina y salta hacia mi boca", dijo, y abrió las fauces por completo.
El carnero subió a lo alto de la colina, retrocedió y empezó a escarbar la tierra rápidamente con sus fuertes pezuñas. Luego, reuniendo toda su fuerza, inclinó hacia delante sus enormes cuernos y se lanzó hacia abajo. El carnero, que soplaba como el viento, golpeó la cabeza del lobo a toda velocidad con tal violencia que el cielo y la tierra gimieron. Sin comprender qué le había ocurrido, el lobo vio estrellas, perdió el sentido y quedó tendido en el suelo. El carnero listo enderezó su cabeza sacudida y avanzó con pasos seguros hacia sus pastos seguros, orgulloso de la victoria. Quienes unen su inteligencia y su valor logran salir victoriosos incluso de los peligros más despiadados. Más vale maña que fuerza.