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El caracol y el espejo

Nivel B2 · 344 palabras

El caracol y el espejo

Érase una vez, en el rincón de un jardín húmedo por donde corrían aguas frescas, un pequeño caracol. Este caracol estaba orgulloso de la concha reluciente que llevaba en la espalda y se deslizaba despacio sobre las hojas todo el día. Mientras el olor de las flores de colores del jardín se extendía con el viento, las gotas de rocío brillaban sobre la hierba como joyas. Cada mañana el caracol tranquilo probaba la hierba fresca y se apartaba a un lado para esperar a que el sol calentara. Un día, debajo de una hoja de fresa enorme, encontró un objeto brillante que nunca había visto antes. Cuando se acercó despacio al objeto, se encontró frente a la superficie lisa de un trozo de espejo roto. Dentro del espejo vio otro caracol que lo miraba, con antenas largas y una cara simpática.

“Hola, forastero, ¿qué buscas en este hermoso jardín?”, preguntó con emoción. Pero el caracol del espejo no hizo ningún ruido; solo movió los labios. Cuando el pequeño caracol dio un paso adelante, el otro avanzó hacia él en el mismo instante. Aquel ser que tenía enfrente inclinaba la cabeza hacia un lado y movía las antenas, igual que él. “Creo que quieres ser mi amigo”, dijo, y enderezó su concha con alegría. Estiró la cabeza para tocar al forastero, pero chocó contra una superficie fría y dura. Se echó atrás con asombro y notó que la imagen de enfrente también se sobresaltaba con el mismo miedo.

En ese momento, una sabia mariquita que pasaba por el jardín miraba sonriendo el esfuerzo del caracol. La mariquita se posó sobre la hoja y dijo: “Lo que ves no es otro; es solo tu propio reflejo.” Cuando el caracol tocó el espejo con sus antenas, comprendió por fin que la imagen lo imitaba. Aquel hermoso ser con concha que le daba curiosidad desde hacía años no era, en realidad, otro que él mismo. El caracol, que había comprendido la verdad, sonrió por última vez a su reflejo en el espejo y siguió su camino. Muchas de las bellezas que buscamos en el mundo exterior están, en realidad, escondidas en nuestra propia esencia. El espejo muestra el rostro de la persona, no su esencia.