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El campesino que vendió su caballo

Nivel C1 · 370 palabras

El campesino que vendió su caballo

Érase una vez un viejo granjero que vivía al borde de un antiguo bosque donde las aguas frescas fluían suavemente. El amigo más fiel de este granjero era un caballo gris de porte noble que tiraba de su arado desde hacía años. Pero la rueda despiadada del tiempo había girado, y la última moneda del bolsillo del anciano se había agotado. Desesperado, el granjero decidió vender en la plaza del mercado a su viejo caballo fiel, al que quería entrañablemente. Mientras las primeras luces de la mañana se deslizaban por el valle brumoso, emprendieron el camino del pueblo con pasos afligidos. La abarrotada plaza del mercado resonaba con los gritos de los mercaderes y los ruidos de las monturas. Un mercader astuto notó la elegancia del viejo caballo y se acercó de inmediato al granjero.

"Este animal viejo ya no puede llevar carga, solo te daré tres monedas de plata", dijo el mercader. En su desesperación el granjero aceptó la oferta y entregó de mala gana el cabestro al hombre. Mientras volvía a casa con el poco dinero de su bolsillo, lo invadieron un pesado arrepentimiento y una profunda soledad. A la semana siguiente, cuando llegó al mismo mercado, vio un caballo espléndido que relucía con una silla adornada. El vendedor pedía nada menos que treinta monedas de oro por aquella magnífica montura. Cuando el granjero se acercó al caballo, sintió aquella calidez familiar en los ojos de su propio viejo amigo. Resultó que el astuto mercader solo había cepillado y teñido al caballo, y lo había puesto a la venta por una gran fortuna.

Reuniendo todos sus ahorros y sus monedas de plata, el granjero se esforzó por recuperar su caballo. Pero las escasas monedas de su bolsillo ni siquiera se acercaban a la elevada suma que pedía el mercader. Cuando volvía al pueblo con las manos vacías en el crepúsculo de la tarde, no pudo creer lo que veía al abrir la puerta del establo. El caballo fiel se había soltado del cabestro y había huido, y siguiendo el olor de su dueño ya había regresado a su hogar. El viejo granjero abrazó a su amigo entre lágrimas y prometió no separarse nunca más de él. El valor incalculable de la verdadera amistad solo se comprende del todo cuando el miedo a perderla llama a la puerta. No cambies amigos viejos por nuevos.