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El caballo y la carga de la cabra

Nivel C2 · 360 palabras

El caballo y la carga de la cabra

Érase una vez, en el corazón de un valle ventoso por donde corrían aguas frescas, se celebraba un mercado famoso en todas partes. En este mercado los aldeanos ofrecían a los compradores sus cosechas más preciadas y sus animales más apreciados. Un viejo mercader había traído un caballo magnífico cuya crin brillaba como el oro y una cabra alegre que no se apartaba de su lado. Cuando el granjero más rico del pueblo vio a este potro, veloz como una tormenta, no pudo apartar los ojos de admiración. Pero el viejo mercader no tenía la menor intención de separar a estos dos amigos. El granjero rico se acercó al mercader con aire orgulloso y declaró que solo quería comprar aquel noble caballo.

El anciano se acarició la barba y sonrió: "Eso es imposible, señor, sin la cabra el caballo no da ni un paso." El astuto comprador, que ofrecía duplicar el precio, no quería cargar con una cabra malhumorada. "Yo no compro lealtad, solo quiero una montura fuerte que me sirva", dijo, despreciando a la cabra. Entonces el viejo mercader soltó el cabestro del caballo, le susurró al oído y dio un paso atrás. El noble corcel, ya libre, se volvió de pronto arisco sin los balidos entusiastas de la cabra y se encabritó de mal humor. Por más que el granjero se esforzó, no logró de ningún modo calmar al enorme animal.

Cuando la pequeña cabra se acercó con aire tierno a las patas del caballo, el altivo corcel se calmó al instante y apoyó la cabeza sobre su lomo. Petrificado ante aquella amistad inquebrantable que veía, el granjero comprendió por fin la fuente de la verdadera fuerza. Entendió que aquella cabra diminuta que había despreciado era una joya oculta que daba serenidad al alma del noble corcel. Purificado de su ambición, el hombre compró a los dos sin dudar y tomó el camino de su granja. Desde aquel día, el fuerte caballo y la tierna cabra corrieron alegremente uno al lado del otro por los amplios campos. El granjero, por su parte, vivió los años más fecundos y apacibles de su vida gracias a aquella pareja maravillosa. El amor y la lealtad verdaderos son el cimiento y el complemento imprescindible incluso de las mayores fuerzas. Una piedra no hace pared, un árbol no hace bosque.