El caballo y el jabalí
Hace mucho tiempo, junto a un viejo bosque donde corrían aguas frescas, vivía un hermoso caballo. Cada mañana, este caballo corría alegremente por los prados verdes lucía su pelaje brillante. Sin embargo, en lo profundo del bosque vivía un jabalí enorme y de mal carácter. El jabalí enturbiaba constantemente el manantial de agua dulce y pisoteaba el césped verde. El orgulloso caballo estaba muy enfadado por esto y quería vengarse del jabalí.
Un día, el caballo vio a un fuerte cazador que caminaba con su arco en la mano. Corrió hacia el cazador, le pidió ayuda y le explicó la situación emocionado. «Ayúdame, echemos juntos a ese jabalí malvado de aquí», dijo. El astuto cazador lo pensó un momento y aceptó la petición del caballo. «Te ayudaré, pero debo montar sobre tu lomo y ponerte un bocado en la boca», dijo. Ciego de ira, el caballo aceptó de inmediato esta condición.
El cazador montó en el lomo del caballo y juntos echaron al jabalí del bosque. Tras alcanzar la victoria, el caballo estaba muy feliz y quería correr libremente. Agradeciendo al cazador, le pidió que le quitara el bocado de la boca. Pero el cazador sonrió y ató al caballo firmemente a un árbol resistente.
«Ahora he visto qué animal tan rápido y útil eres», dijo. Por un pequeño enojo, el caballo había entregado toda su libertad a los hombres. Quien actúa con ira puede renunciar a su propia libertad por ansia de venganza. La ira perjudica a quien la guarda.