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El caballo de carreras

Nivel B2 · 344 palabras

El caballo de carreras

Érase una vez, más allá de los valles muy verdes, un orgulloso caballo de carreras llamado Rüzgâr Kanat. Este magnífico caballo era una leyenda que todos admiraban por su pelaje negro brillante y sus pasos rápidos. Después de cada carrera que ganaba, se enorgullecía con los elogios de su dueño y siempre se creía mejor que los demás animales. Se burlaba de las criaturas lentas que lo rodeaban y pensaba que ser rápido era el único éxito en la vida. Pero con el paso del tiempo, el fuego de su juventud se apagó y su antigua velocidad empezó a disminuir poco a poco. Cuando su dueño ya no pudo llevarlo a las carreras, decidió vender el viejo caballo a un molinero de harina.

Atado al yugo para girar la pesada piedra del molino, Rüzgâr Kanat sintió una gran sorpresa. Este caballo orgulloso, que una vez corría entre aplausos, ahora daba vueltas en un cuarto oscuro. El viejo burro trabajador que estaba a su lado lo miró y dijo: “Tus victorias del pasado no bastan para aliviar esta carga pesada.” Rüzgâr Kanat bajó la cabeza y preguntó: “Yo era un caballo que corría con el viento, ¿cómo puedo trabajar así?” El viejo burro sonrió con calma y respondió: “En la vida no solo es valioso correr rápido, sino también ser útil.” El caballo, que tiraba de la pesada piedra del molino todo el día, sintió que sus músculos dolían y que su soberbia se derretía.

Con el tiempo empezó a comprender que las medallas brillantes no llenaban su estómago y que la verdadera fuerza era trabajar con paciencia. Con el paso de los días, Rüzgâr Kanat aceptó su nueva tarea y dejó de quejarse por completo. Ahora, mientras llevaba los sacos de harina, ya no decía que era mejor que nadie y miraba con amor a los que lo rodeaban. Los aldeanos apreciaron su trabajo paciente y decidido y le mostraron un respeto mayor que antes. El viejo caballo de carreras sintió en su corazón la paz del trabajo humilde y de servir a la gente. Quienes viven del orgullo del pasado nunca encuentran la verdadera paz escondida en el esfuerzo de hoy. Los viejos tiempos ya no volverán.