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El caballo cortés

Nivel C1 · 366 palabras

El caballo cortés

Érase una vez, al borde de un bosque antiguo por el que corrían aguas frescas, un caballo cortés cuyo pelaje moteado resplandecía. A este caballo afable le encantaba ayudar a todos los seres que lo rodeaban y jamás rechazaba una sola petición. Los habitantes del bosque decían que tenía un corazón tan blando como el algodón y una paciencia inagotable. Cada mañana se deslizaba por los prados cubiertos de escarcha y sonreía con amabilidad a cada criatura que encontraba. Sin embargo, su carácter generoso y cortés pronto iba a pasar por una gran prueba. Un día, mientras el sol trepaba hacia lo alto, un diminuto conejo rendido de cansancio quiso subirse a su lomo. Relinchando alegremente, el caballo cortés respondió: "Por supuesto, amiguito, mi lomo es ancho, puedes acomodarte a gusto."

Unos pasos más adelante apareció un zorro viejo y astuto que caminaba con dificultad por el sendero. Cuando el zorro se lo pidió con dulces palabras, el caballo también lo acogió de buena gana sobre su lomo. Entonces un oso enorme que cargaba un pesado cesto de frutas les cortó el paso. Con actitud egoísta, el oso ordenó: "Tienes que llevarme a mí y también a este cesto." Como el caballo no quería ofender a nadie, asumió con gusto aquella pesada carga, aunque le temblaban las rodillas. A medida que avanzaban, el número de viajeros sobre su lomo aumentaba, y todos empezaron a reñir al caballo para que fuera más deprisa. Cuando llegaron a la orilla de un arroyo caudaloso, por culpa de la pesada carga el caballo resbaló sobre las piedras mojadas.

Los que iban sobre su lomo gritaron de miedo, pero en lugar de comprender el dolor del caballo, solo pensaron en su propia comodidad. Por primera vez el caballo cortés se detuvo y se dirigió a todos con una voz suave pero firme. "Deseo ayudaros, pero esta pesada carga que supera mis límites nos arrastra a todos hacia la desgracia", dijo. El caballo se inclinó con delicadeza, los bajó a todos de su lomo y logró que caminaran por su propio pie. Avergonzados de su comportamiento egoísta, los viajeros inclinaron la cabeza con respeto ante el caballo. Guardar los propios límites mientras se muestra amabilidad a los demás es el primer paso de la verdadera sabiduría. Quien bien hace, bien encuentra.