El Burro y su Arriero
Hace mucho tiempo un viejo campesino tenía un burro muy terco. Cada mañana el hombre y el burro iban al pueblo por la montaña. El camino era muy estrecho, pero el hombre conocía bien todos los peligros. El burro estaba cansado de su carga y quería ir a su manera. En un día soleado salieron otra vez a un viaje largo y duro. En la cuesta empinada el burro se paró y dejó el camino.
Corrió hacia el sendero corto pero muy peligroso del borde del precipicio. El arriero corrió detrás del burro y tiró con fuerza de la cuerda. "¡Para, ese lugar es muy peligroso!", gritó el hombre. Pero el burro terco no escuchó y siguió hacia el precipicio. El hombre tiró de su cola con todas sus fuerzas. El burro no retrocedió y empujó hacia delante con más fuerza.
El hombre se cansó mucho y por fin entendió la verdad. Soltó la cola y miró con tristeza al animal terco. "Quieres ganar, pero este será tu final", dijo el hombre. El burro perdió el equilibrio y cayó muy rápido por el precipicio. El animal terco vio su error, pero ya era demasiado tarde. La terquedad en los trabajos peligrosos siempre trae un gran daño. Quien no oye consejo, no llega a viejo.