El Burro, el Cuervo y el Lobo
En un día soleado, un burro viejo pacía tranquilo en un prado verde. El burro tenía en el lomo una herida vieja, grande y muy dolorosa. Un lobo hambriento miraba al burro con atención desde el borde del bosque. En ese momento un cuervo negro bajó planeando desde el cielo. Sin ningún miedo, se posó justo encima del lomo herido. Con su pico afilado, el cuervo empezó a golpear la herida dolorosa.
El pobre burro gritó de dolor, pero no pudo espantar al cuervo. Solo saltó y corrió por el prado moviendo la cola. El cuervo se quedó tranquilo encima y siguió picoteando la herida. Detrás de un árbol, el lobo lo vio todo y movió la cabeza. Con rabia, el lobo susurró para sí: "¡Esto no es nada justo!" "Si me acerco al burro, todos los aldeanos me persiguen con palos."
"Pero este cuervo le hace daño y nadie dice nada." El lobo se armó de valor y dio un paso hacia el prado. Pero el pastor del prado lo vio y gritó muy fuerte. Los aldeanos cogieron piedras y corrieron deprisa hacia el lobo. Sin remedio, el lobo tuvo que huir al fondo del bosque. El mal ajeno que queda sin castigo nunca debe ser nuestro ejemplo. Cada persona tiene su propia manera de hacer las cosas.