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El búho y los pájaros

Nivel C1 · 356 palabras

El búho y los pájaros

Hace mucho tiempo, en un bosque encantador donde corrían suavemente aguas frescas y se alzaban robles antiguos, vivía un búho sabio. Esta sabia ave tenía el don de escrutar los misterios del universo en el hondo silencio de la noche y de presentir los peligros venideros. Los demás habitantes del bosque, llenos de alegres trinos, solo disfrutaban del día y nunca pensaban en las tormentas que traería el mañana. Un día el sabio búho advirtió un pequeño retoño de roble que brotaba fresco de la tierra y las semillas de lino que había a su lado. El búho, oyendo enseguida los pasos del peligro, convocó a todas las aves del bosque a una reunión urgente. Cuando todas las aves parlanchinas se reunieron con curiosidad, el sabio búho empezó a hablar con un tono grave y prudente.

"Si este roble que brota crece, sobre él nacerá el muérdago y ofrecerá a los hombres trampas pegajosas para atraparnos", dijo. "Además, si esas semillas de lino germinan, el ser humano tejerá con esas fibras redes resistentes que nos encerrarán", añadió. Aconsejó con insistencia a las aves que arrancaran de la tierra y destruyeran enseguida este retoño y estas semillas, mientras aún había tiempo. Pero las pequeñas aves recibieron las graves advertencias del búho con grandes carcajadas y se burlaron de él. "Nos estropeas la alegría con tus quimeras; ¿cómo puede dañarnos una hierba diminuta?", trinaron. El sabio búho se retiró a su rincón con un hondo suspiro, mientras las aves indiferentes seguían jugando despreocupadas.

Las estaciones pasaron veloces, el lino se desarrolló y el roble se alzó hacia el cielo con ramas frondosas. No mucho después llegaron los hombres; tejieron redes fuertes con el lino y prepararon trampas pegajosas con el muérdago del roble. Las aves ignorantes que antaño habían menospreciado las advertencias cayeron una a una en aquellas trampas implacables y perdieron su libertad. Las aves, que comprendieron su error con una amarga experiencia, comenzaron desde aquel día a sentir un gran respeto por el búho. Pero ya era demasiado tarde, y el sabio búho ya no les daba consejos, sino que se contentaba con mirarlas con pena. Ignorar los sabios consejos dados antes de que llegue la desgracia abre la puerta a un arrepentimiento sin fin. El arrepentimiento tardío no sirve de nada.