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El bufón y el campesino

Nivel B2 · 332 palabras

El bufón y el campesino

Érase una vez, en la plaza de un pueblo antiguo donde corrían aguas frescas, se había montado una gran fiesta. La gente del pueblo esperaba con impaciencia para ver a los artistas que querían mostrar sus talentos. Un payaso famoso que salió al escenario se envolvió bien en su capa y sonrió al público. El payaso imitó tan a la perfección a un cerdo imaginario que escondía bajo su capa que todos quedaron admirados. La multitud que llenaba el teatro cubrió esta imitación con una tormenta de aplausos y colmó de elogios al hombre. Un campesino de ropas sencillas que salió de entre la multitud dijo que esta imitación no era tan lograda.

El campesino anunció que al día siguiente haría en el mismo escenario un sonido más cercano al de verdad. La tarde siguiente la sala del teatro se llenó de gente con prejuicios que quería ver el fracaso del campesino. Primero el payaso salió al escenario y otra vez hizo detrás de su capa un sonido de cerdo perfecto. Mientras el público aplaudía con alegría al payaso, el campesino caminó con pasos pesados hacia el centro del escenario. El campesino también se cubrió con su capa ancha y se puso a la obra de un modo que nadie notó. De repente un sonido agudo de cerdo que se levantaba de debajo de la capa empezó a resonar en la sala.

Pero el público con prejuicios empezó a abuchear al campesino y a gritar que el sonido del payaso era más real. El campesino sacó el cerdito vivo que había escondido bajo su capa y se lo mostró a todos. Resultó que el campesino había hecho este sonido apretando suavemente la oreja del cerdo real bajo la capa. Cuando la gente entendió que no le había gustado el sonido de un cerdo real y que había aplaudido la imitación falsa, sintió una gran vergüenza. El campesino en el escenario les echó en cara al pueblo sus prejuicios ciegos y se marchó de allí con orgullo. Cuando los prejuicios ciegan los ojos, el ser humano no puede distinguir la voz de la verdad de su copia falsa. No te dejes engañar por la apariencia.