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El banquete en el palacio del león

Nivel C1 · 322 palabras

El banquete en el palacio del león

Érase una vez, en una cueva magnífica en el regazo de vastos bosques, vivía el señor del bosque. El león poderoso decidió dar un banquete inmenso para celebrar su reinado. Se enviaron invitaciones doradas al oso, al mono y a la zorra, los animales más respetados de la comarca. Aquel palacio majestuoso en lo profundo del bosque estaba provisto de manjares deliciosos y de copas de oro. Los invitados, llenos de emoción y de algo de inquietud, entraron por la puerta adornada del palacio. En el momento más alegre del banquete el león se volvió hacia sus invitados, orgulloso del esplendor de la corte que había formado. Con una voz suave que apagaba su rugido imponente, preguntó cómo hallaban el olor de su palacio.

El oso indiscreto, que tomó la palabra primero, dijo francamente que la cueva olía a humedad y a aire pesado. El león, enfurecido por aquella respuesta dura, castigó al oso allí mismo con un zarpazo. Al ver aquella escena terrible, el mono astuto se metió enseguida en la conversación y empezó a adular. Afirmó que el palacio olía a ámbar perfumado y a rosas frescas. Pero el león, aún más airado por aquel elogio fingido, acusó al mono de mentira y lo hizo arrojar al calabozo. Llegó el turno de la zorra prudente y lista, encogida en el rincón de la mesa. El león clavó sus ojos penetrantes en la zorra y le dirigió la misma pregunta.

La zorra, usando su ingenio y su cautela, fingió tomar un hondo aliento. Después de toser cortésmente varias veces, dio a su voz un aire avergonzado. Expresó que había cogido un fuerte resfriado y que su nariz no olía nada. Ni mostró una honradez grosera ni se refugió en elogios fingidos. El león, sin hallar qué decir ante aquella respuesta sagaz, felicitó a la zorra. La zorra lista logró salir de aquel palacio peligroso libremente y sin un rasguño. Quienes toman su juicio por guía en las asambleas peligrosas se libran a salvo de toda desgracia. Hay palabras que acaban una obra y palabras que cuestan una cabeza.