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El asno y la lira

Nivel B2 · 350 palabras

El asno y la lira

Érase una vez, al borde de un bosque antiguo por donde corrían aguas frescas, un burro muy simpático. A este burro le gustaba mucho pastar en los prados verdes y descansar a la sombra de los pinos. Cuando llegaba la primavera, el bosque se llenaba de flores de colores y un viento suave soplaba entre las ramas. Un día, mientras el burro paseaba sobre la hierba blanda, vio un objeto de madera que brillaba escondido entre los arbustos. Cuando se acercó y miró con atención, comprendió que era una lira maravillosa con cuerdas muy finas. El cuerpo elegante del instrumento y sus cuerdas que brillaban al sol llamaron mucho la atención del burro. Dio un paso adelante con curiosidad y empezó a examinar aquel objeto extraño oliéndolo.

Después levantó despacio su casco duro y tocó suavemente las cuerdas de la lira. De las cuerdas subió de pronto un sonido fuerte y tembloroso que resonó en el bosque silencioso. El burro sintió una gran emoción ante ese sonido y levantó las orejas con alegría. Pero como sus cascos eran muy toscos, cada vez que tocaba las cuerdas solo salía ruido. Deseaba mucho crear una melodía bonita, pero no lo conseguía de ninguna manera. Sintió la belleza que la lira podía dar, pero también comprendió su propia falta de habilidad. Con un suspiro profundo, el burro miró las cuerdas y se habló a sí mismo con tristeza.

“Qué pena que este instrumento tan fino, que debería llegar a las manos de un buen músico, haya llegado a mí”, dijo. Si un artista hábil encontrara esta lira, encantaría todo el bosque con melodías maravillosas. Pero mis cascos toscos solo hacen ruido y no pueden dar su valor a este bello instrumento. Para no dañar la belleza de la lira, el burro se apartó con respeto y dejó el instrumento sobre la hierba. Comprendiendo que no se metería a la fuerza en trabajos que su habilidad no alcanzaba, siguió su camino en paz. Siguió disfrutando de los prados y de la vida sencilla que convenía a su propia naturaleza. Cada trabajo tiene su maestro, y el valor verdadero solo aparece en manos hábiles. El trabajo es para quien sabe hacerlo, y la espada para quien sabe llevarla.