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El asno y la cebada

Nivel B2 · 303 palabras

El asno y la cebada

Érase una vez, en una granja bonita al borde de un bosque antiguo donde corrían aguas frescas, vivían un burro y un cerdo. El burro despertaba con la primera luz de la mañana y llevaba con paciencia las cargas pesadas de su dueño hasta la tarde. Al final del día cansado al burro trabajador solo le daban paja seca y un poco de avena. Pero el cerdo que estaba en la pocilga adornada de al lado no trabajaba nunca y gozaba todo el día a la sombra. El granjero le ofrecía cada tarde granos de cebada sabrosos, frescos y nutritivos. El burro miraba con envidia la cebada dorada delante del cerdo y se entristecía por su propio estado.

Un día no aguantó más, se acercó al cerdo y habló con un suspiro. “Qué suerte tienes; comes la cebada más dulce sin cansarte nunca”, dijo. “Yo, en cambio, trabajo todo el día hasta que se me dobla la espalda, y aun así me conformo con paja seca.” El cerdo se jactó con orgullo, mostró su cuerpo gordo y soltó una carcajada. “Nuestro amo conoce mi valor; tú solo sirves para llevar cargas”, respondió. Pasaron semanas, el cerdo engordó de verdad y se puso tan pesado que le costaba hasta andar.

Un día llegó un carnicero a la granja, sacó al cerdo gordo del patio y se lo llevó. Cuando el burro vio el final amargo del cerdo, sintió un gran asombro y un gran miedo. Cuando llegó la tarde, el granjero puso delante del burro la cebada fresca que quedaba del cerdo. Pero el burro listo entendió el peligro escondido detrás de la cebada sabrosa. Echó la cabeza atrás y no se acercó ni un paso a aquella cebada dulce. Volvió a su propia paja sencilla y empezó a masticarla en paz. Antes que la abundancia peligrosa de otro, la poca paz que ganas con tu propio sudor vale mucho más. Poca comida, cabeza sin preocupaciones.