El asno salvaje y el asno
Érase una vez un asno salvaje libre que vivía al borde de un valle verde donde fluían aguas frescas. Este asno salvaje corría libremente por las montañas, comía hierba fresca y disfrutaba de la libertad. Una mañana de verano, vio a un asno doméstico llevando una carga por el camino polvoriento que cruzaba el valle. La albarda del asno doméstico brillaba brillantemente, su pelo estaba peinado y se veía muy bien cuidado. Al ver este aspecto adornado, el asno salvaje envidió su vida y se le acercó.
El asno salvaje dijo con curiosidad: "Qué animalito tan afortunado y bien cuidado eres." El asno doméstico levantó la cabeza con orgullo y le contó que su dueño le daba trigo delicioso todos los días. "Ser acogido es un sentimiento maravilloso, nunca paso hambre y tengo un establo cálido", añadió. Justo en ese momento, su dueño que caminaba detrás golpeó con fuerza la espalda del asno con el palo grueso que tenía en la mano. El hombre gritó con rabia: "Camina rápido, debemos llevar estos sacos pesados al pueblo antes de la noche." El asno doméstico gimió de dolor e intentó caminar, aplastado bajo la pesada carga.
Al ver esta triste escena, el asno salvaje se retiró con sorpresa. Al ver los moratones en la espalda del asno y el miedo en sus ojos, una gran tristeza lo llenó. El asno salvaje comprendió que el precio del trigo delicioso era el látigo y la pesada esclavitud. Agradeciendo por su propio cuerpo delgado y la comida que a veces no podía encontrar, empezó a correr hacia las montañas. Al volver a los amplios prados donde respiraba libremente, su corazón se llenó de alegría. Ahora sabía muy bien que en lugar de vivir bajo el mando de otro, preferiría su propia pobreza libre.
Comodidad ofrecida por otro nunca puede ser más valiosa que la paz e independencia que trae la libertad. Pusieron al ruiseñor en una jaula de oro, y dijo: "ay mi patria."