El Adivino
Hace mucho, un anciano vivía en un pueblo pequeño y ruidoso. Se sentaba en el mercado y adivinaba el futuro. Todos en el pueblo creían que él conocía el futuro. Cada día daba a la gente noticias buenas o malas. Todos le pagaban y escuchaban sus palabras con atención. Un día de sol esperaba otra vez a sus clientes.
De repente un vecino llegó corriendo y sin aliento. El vecino gritó: "¡Corre a casa, los ladrones robaron tu casa!" El adivino oyó la noticia y sintió mucho miedo. Se levantó y corrió hacia su casa dando gritos. Lloraba muy fuerte porque perdió todas sus cosas. La gente del mercado lo miró con mucha sorpresa.
Un hombre sabio del camino lo miró desde atrás. El hombre sonrió y dijo: "Tú conoces el futuro de otros." "¿Pero por qué no viste a los ladrones en tu casa?" El adivino no supo responder y sintió mucha vergüenza. Desde aquel día nadie del pueblo volvió a creerle. Quien no ve su propia vida no puede guiar a otros. La vela no da luz a su propio pie.