El adivino y la verdad
Érase una vez, un sabio adivino que vivía al borde de un bosque antiguo donde corrían aguas frescas. Este adivino entendía la lengua de las estrellas y susurraba secretos profundos sobre el destino de las personas. Viajeros de tierras lejanas recorrían largos caminos para hacerle las preguntas más difíciles de su mente. Pero un joven orgulloso que vivía en el mismo pueblo nunca creía que el adivino lo supiera todo. Decidió preparar un plan tramposo para avergonzar al hombre sabio delante de todos. Una mañana cálida, cuando el sol brillaba con fuerza, el joven atrapó un pájaro pequeño en el prado sin hacerle daño. Escondiendo el pájaro en su mano detrás de la espalda, caminó rápido hacia la humilde cabaña del adivino.
Se detuvo en medio de la multitud curiosa reunida en la plaza y llamó al sabio en voz alta. “Oh adivino que dices saberlo todo, ¿sabes qué tengo en la mano?”, preguntó. El hombre sabio notó la luz astuta en los ojos del joven y dijo con una sonrisa: “En tu mano hay un pájaro pequeño.” Sorprendido por esta respuesta correcta, el joven habló enseguida para poner su verdadera trampa. “Entonces dime, hombre sabio, ¿este pájaro en mi mano está vivo o muerto?”, gritó. El joven pensó para sí mismo que su plan era perfecto y se alegró por dentro. Si el adivino decía “vivo”, mataría al pájaro; si decía “muerto”, soltaría al pájaro y lo dejaría como mentiroso.
Todos en la plaza contuvieron la respiración y empezaron a esperar la respuesta decisiva del sabio. El viejo adivino miró largo y profundo a los ojos del joven con una mirada bondadosa. Rompiendo el silencio, el hombre sabio dio aquella gran respuesta que quedaría en la mente de todos. “La decisión está en tu mano, hijo mío; dejarlo vivir o matarlo depende por completo de tu conciencia”, dijo. Avergonzado ante esta sabiduría profunda, el joven bajó la cabeza y abrió despacio su mano. El pájaro pequeño, por fin libre, cantó con alegría y voló hacia el cielo muy azul. Asumir la responsabilidad de nuestras propias decisiones es el paso más valioso de la verdadera sabiduría. La astucia no es sabiduría.